CUANDO LA VIDA LLEGA AL AULA

Cuando la vida llega al aula: crónica de un Plan Lector

Por: BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS*
Taller de lectoescritura “Saramalacara”

Narra el escritor uruguayo Eduardo Galeano, que cuando era niño su abuela le contó la fábula de los ciegos y el elefante: “Estaban los tres ciegos ante el elefante. Uno de ellos le palpó el rabo y dijo:-Es una cuerda.Otro ciego acarició una pata del elefante y opinó:-Es una columna.Y el tercer ciego apoyó la mano en el cuerpo del elefante y adivinó:-Es una pared. Y remata el relato Galeano con una moraleja: “Así estamos: ciegos de nosotros, ciegos del mundo. Desde que nacemos, nos entrenan para no ver más que pedacitos. La cultura dominante, cultura del desvinculo, rompe la historia pasada como rompe la realidad presente; y prohíbe armar el rompecabezas”.

Creo con todo fervor que cada vez que nos asumimos como docentes o maestros de literatura, adquirimos tácitamente el compromiso de ayudar a esos 30, 40 o casi cincuenta seres, a que armen el rompecabezas de su vida. Para esa misión-vocación, que no profesión, nos ha sido otorgado el más preciado de los dones: el de la palabra. Sin embargo, es necesario escuchar la advertencia de Hörlderlin cuando sentencia: “el lenguaje es el más peligroso de los bienes del hombre. Puede servir para lo mejor y para lo peor…”. Nuestro reto consiste entonces en estar convencidos de que la lectura es el corazón de la educación y convencer a su vez, a las generaciones presentes y por venir, que es más útil cargar libros que armas o enconos.

PRIMERAS IMÁGENES

Tenía ante mí, alrededor de treinta niños que no pasaban de diez y once años. Era una mañana de febrero del año 2006 en la Fundación Colegio UIS. Institución educativa privada de amplia trayectoria a nivel regional y nacional, que albergaba en sus salones niños y niñas que muy probablemente padecían cualquier tipo de vicisitudes, pero jamás precariedad económica. Había frente a mí rostros de todos los tamaños y colores. Rostros que sopesaban que tan “buena gente” o “cuchilla” era la nueva profe de Español y Literatura.
Lo primero fue el nombre. Me llamo Beatriz, chicos, mi nombre es de origen latino, de Roma, cuenta Dante Alighieri en su Divina Comedia que Beatriz lo guió por el camino de la vida. Según el origen de mi nombre traigo alegría y siempre estoy pendiente de mis afectos. Acto seguido indago por el de ellos y las únicas herramientas con las que cuento, la palabra y la memoria, empiezan ayudar. _”Me llamo Julián”. _Aaah, Julián... Tu nombre significa “el que es” y mira qué coincidencia también es de origen latino. Los julianos son extrovertidos, sensibles y sociables, curiosos y aventureros., se mueven por impulsos que casi siempre son acertados. En la historia hay muchos Julianos célebres. El escritor Julián Green, el poeta Julián del Casal, el cantante Julián Lennon. Y Julián escucha adoptando una mirada inédita. Y yo me llamo Camila… ¿Camila?, “la que está presente en Dios”, le digo. Las Camilas son muy independientes y decididas, tienen mucha seguridad en todo lo que hacen. Siempre necesitan estar rodeada de sus afectos. Y también tu nombre viene de Roma.
A estas alturas de la clase, se viene una cascada de Daniel, Rafael, Ana María, María Fernanda, Juan Sebastián, Sara... En fin, los chicos y chicas se presentan con el objeto de descubrir que hay detrás de sus nombres, qué hay detrás de ésa primera metáfora que nos imponen para habitar la vida.
Ahora es el tiempo de descubrir que mis futuros compañeros de camino vienen de un Plan Lector que los inducía a “leer” un libro semanal. Se trata del libro viajero. Era una selección cuyo criterio dependía del catálogo de la editorial de turno y de la reseña de la contraportada. Muchos ni siquiera habían leído el libro que les correspondió donar. La actitud hacia los libros era de verdadero hastío. Ello no era una novedad. Entonces decidí que leeríamos cinco textos durante el año, allí, en el aula, y en voz alta. ¿Cuáles? He ahí el dilema.


¿POR QUÉ LEER EN VOZ ALTA?

Siempre he creído que les leemos a los niños por las mismas razones que les hablamos: para tranquilizarlos, para entretenerlos, para crear lazos; para informarles o explicarles algo, para despertar su curiosidad, para inspirarlos. Pero al leerles en voz alta, afirma Jim Trelease en el “Manual de la lectura en voz alta”, publicado por Fundalectura:
* Condicionamos el cerebro del niño para que asocie la lectura con el placer.
* Creamos las bases del conocimiento.
* Construimos su vocabulario.
* Ofrecemos un modelo de lector.

En la lectura en voz alta hay dos “factores de vida” que muchos círculos educativos ignoran:
Primer factor de lectura: Los seres humanos buscan el placer.
Segundo factor de lectura: La lectura es una habilidad que se adquiere con la práctica.

Con estas certezas propuse a los que ya consideraba mis chicos, diez títulos de los cuales escogeríamos cinco. El Mago de Oz, Paso a paso, Un marido para mamá, Las Brujas, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, la biografía de Pelé, de Frida Kahlo, de Celia Cruz, Todos los futbolistas van al cielo y Robinson Crusoe.
Salieron elegidos El mago de OZ, Las Brujas, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Todos los futbolistas van al cielo y Robinson Crusoe. Es de anotar que esta selección tuvo toda la tensión de un proceso electoral, con un elemento de mayor responsabilidad para quien estas líneas lee: la promoción, es decir, la venta de imagen de cada libro corría por cuenta mía. Así que debí intensificar mis diez campañas hasta obtener algunos resultados que me interesaban para el transcurso del año escolar.
El poeta y novelista Robert Penn Warren, ganador en tres ocasiones del Premio Pulitzer, escribió que leemos literatura porque:
Nos gusta.
En ella hay conflictos, y los conflictos son el centro de la vida.
Sus conflictos nos sacan del tedio de la vida cotidiana.
Nos permite descubrir nuestras emociones con lágrimas, risas, amor y odio.
Confiamos en que sus historias nos den una clave para nuestra propia historia de vida.
Nos libera de nuestras tensiones dejándonos escapar hacia la vida de otras personas.

Tenía la convicción de que los cinco libros seleccionados cumplían magistralmente con estos ideales. Y así fue, porque además, el cine ayuda mucho y el cine siempre me ha acompañado en el aula. Entonces pensé en cinco textos fílmicos: el clásico de “El Mago de Oz” protagonizado por Judy Garland; “Las Brujas” con Angélica Houston en el papel de la Gran Bruja; “El Cartero de Neruda”, basado en la homónima novela del chileno Antonio Skármeta; “Gol”, la película del director norteamericano Danny Canon, estrenada en 2005 y

“El Náufrago”, protagonizada por Tom Hanks.
El sueño de Plan Lector para ese año giraba entonces alrededor de cinco libros y cinco películas. Y casi lo logramos. Sólo nos faltó leer el filme “Las Brujas” al cual le pusimos todo el empeño, pero no lo encontramos en ninguna video tienda.


LOS CONFLICTOS NOS SACAN DEL TEDIO

“El Mago de Oz” nos puso a reflexionar sobre el hermoso poema Ligera sospecha del poeta colombiano Álvaro Rodríguez, heredado sin duda del célebre Ítaca de Kavafis: Ligera sospecha como aquellos/ que desde lejanas tierras/ un día llegaron a la isla/ en donde según la leyenda/ un viejo capitán enterró su tesoro/ y así buscando enterraron sus mejores años sin darse cuenta/ que en realidad/ la isla era el tesoro/ quizás así han sido nuestras vidas.
Sí, así son las vidas de Dorothy, el Espantapájaros sin cerebro, el León sin valor y el Hombre de Hojalata al cual le faltaba un corazón. Allí en la aburrida Kansas, fue necesario un tornado para que nuestros personajes encontraran lo que tenían, pero no se habían percatado que ya poseían. El fracasado mago en realidad fue el camino hacia la isla y el camino mismo, el tesoro, el don, la virtud que anhelaban. Aquí fue gratificante la polémica surgida entre aquellos estudiantes que consideraban un farsante al Mago de Oz y los que veían en él, un estímulo para los caminantes hacia Oz. He ahí lo fascinante del cine y de la literatura, casi siempre sitúa al espectador en posiciones morales en las que nunca estuvo, sobre todo si se trata de niños y adolescentes cuya cultura cinéfila ha corrido por cuenta de Hollywood.
Quizás esta circunstancia despertaba ciertas burlas hacia el filme clásico proyectado, pues se trataba de una producción cinematográfica emparentada más con el teatro y el musical.

Nada que ver con los más modernos efectos computarizados, a duras penas el encanto del color, pero eso sí, fue la ocasión para valorar el oficio de escenógrafos, maquilladores, vestuaristas. Ello nos llevó a ver el CD 2 que narraba cómo se hizo la película, quiénes eran los actores. Y ahí apareció la tormentosa vida de la actriz Judy Garland quien encarnó a Dorothy. Los chicos indagaron por la vida íntima de la Garland, supieron de sus divorcios, de su adicción a las drogas, de sus problemas de sobrepeso, de las exigencias de la empresa hollywoodense que la asfixiaron hasta el fondo. Supieron que había sido la madre de la cantante Liza Minnelli y entonces una niña dijo que a su mamá le encantaba ésa cantante y tocó oír a la Minnelli, porque la estudiante solícita, trajo a clase un disco.
A estas alturas del año, el aula era una bola de nieve de historias y sin embargo tenía la certeza de que estábamos cumpliendo con el currículo. Porque, lejos de sugerir que se abandone el currículo, digo que a través de las historias éste se enriquece y cobra significado. Afirma Jim Trelease que las historias no existen para enseñar habilidades de lectura. Las historias son el vehículo que usamos para darle significado al mundo _incluso cuando dormimos_. Los sueños son un intento de encontrar sentido a las cosas que desafían nuestra lógica. ¿Saben ustedes de alguien que sueñe no ficción? ¡Soñamos historias! Como la soñada por Dorothy en El Mago de Oz cuando un tornado la trasladó al mágico mundo donde encontró su verdad.
LAS HISTORIAS NOS LIBERAN DE NUESTRAS TENSIONES

Sí. Ello fue lo que ocurrió con el segundo libro que leímos, es decir, con “Las Brujas” de Roald Dahl, autor entre otros textos de Charlie y la fábrica de chocolates, Matilda, James y el melocotón gigante, Relatos de lo inesperado. Dahl, al lado de Charles Dickens, Lewis Carroll y la actual J.K. Rowling es uno de los escritores británicos de literatura infantil, más reconocido a nivel internacional. Esta novela sobre brujas, constituyó la posibilidad de explorar el mundo de la mujer desde la perspectiva de los cuentos clásicos. Tuvimos la oportunidad de debatir la importancia de la mujer en la lucha entre el bien y el mal. Entre infinitas hipótesis, trajimos a cuento el hecho que durante el dominio del Tribunal de la Santa Inquisición, se acusó de brujas justamente a aquellas mujeres que oficiaban como incipientes médicas. La ignorancia de las creencias cristianas las estigmatizó como hechiceras.

En apariencia es esta una novela amoral que se aleja del didactismo moral que caracteriza a la literatura infantil y juvenil tradicional. Se trata de niños que no van a la escuela, una abuela fumadora y personajes que mienten para conseguir sus propósitos. Vemos pues cómo la literatura infantil contemporánea: “el mundo del didactismo literario se ha quedado atrás y se intenta dar respuesta desde la literatura infantil a un tipo de libros que sean punto de referencia para un desarrollo progresivo de las capacidades infantiles y para una inserción social que responda a una información válida y a una dimensión recreativa diferente”

HISTORIAS Y POEMAS PARA LAGRIMEAR, REIR, AMAR Y ODIAR

Cuenta Jim Trelease en el Manual de la lectura en voz alta que en 1990, cuando el antes jefe de Laboratorios de Inteligencia Artificial de la Universidad de Yale y ahora profesor de Ingeniería eléctrica y Ciencias de la computación, psicología y educación en la Universidad de Northwestern, Roger C. Schank, estaba construyendo inteligencia artificial en computadores encontró que el comportamiento y el pensamiento muchas veces se reducen a las historias que creemos, guardamos y compartimos. ÉL descubrió que las historias son la tela básica de la inteligencia ya que determinan cómo pensamos y nos comportamos.
Las historias fijan nuestra atención y nos ayudan a darle sentido al mundo a nuestro alrededor. Nunca voy a olvidar la mejor versión que he escuchado de La Celestina y de Fuente ovejuna en la voz costeña y golpeada de la “seño” Martha por allá en el grado décimo. Hace un tiempo releí Fuente ovejuna y aún escuchaba el eco de su voz. Recuerdo también al pintor y escritor brasilero Giraldo quien en una entrevista narró que tuvo una profesora que empleaba sus clases sólo para contar cuentos, relatos; leerles novelas, declamarles poemas. Claro que a los tres meses fue despedida por no cumplir con el currículo y ganarse el sueldo leyendo. Hoy Ziraldo le dedica sus libros.
En este punto creo que debo anotar que en el arte de compartir libros con niños y jóvenes, deberíamos:
Convertirnos en excelentes antólogos y promotores de lectura. Una suerte de médicos y médicas que vamos por las aulas formulando libros, que para adolescentes depresivos con padres recién separados: “Léase CHAO de la brasilera Lygia Bojunga”; que para limar intolerancias y prejuicios por el sida: “Léase Los ojos del perro siberiano” del argentino Antonio de Santa Ana; que para los conflictos adolescentes de niñas: “Léase Los años terribles de Yolanda Reyes”; que para entender mejor la violencia ancestral colombiana: “Léase Cenizas al viento de Hernando Téllez”; que cómo hablarles de la guerra: “Léase Flon-Flon y Musina de Elzbieta o Paso a paso de Irene Vasco” o Asmir no quiere pistolas de la escritora australiana Christobel Mattingley. El primero es un relato maravilloso para niños que ven cómo su amistad es separada por la alambrada que divide a judíos de alemanes; el segundo, es la mejor novela corta colombiana que asume con un lenguaje casi inocente, el salvajismo del secuestro y en el tercer texto nos es narrada, desde la óptica de un niño la odisea de una familia bosnia que se ve obligada a abandonar su país.
Tener la misma certeza de Clifton Fadiman: “No es que falte gente inteligente. Tenemos mucha. Lo que realmente hace falta es gente mejor”. Y uno hace gente mejor cuando educa el cerebro y el corazón de los niños. Cuando es capaz de hacerlos decir ante un poema: “Bueno, no lo entendí mucho, pero cómo se escuchó de lindo”. Sí, desarrollar el programa de estudios es importante, formular exámenes, también, pero se debe trabajar en ambos coeficientes: el intelectual y el emocional. Esta no es una teoría nueva, pero cómo nos cuesta llevarla al aula.
Cuando pensemos solamente en los resultados de los exámenes, debemos recordar que la nación más educada en dos mil años, la misma que vio nacer compositores como Beethoven y Bach; a poetas como Goethe, Lessing y Schiller; a filósofos como Hegel, Kant, Nietzsche; a científicos como Einstein; a los inventores del gramófono, del motor diésel, del cohete, del automóvil, del materialismo. La misma nación que lideró al mundo en matemáticas y ciencia en 1930 se convirtió en el Tercer Reich. El Genocidio no habría ocurrido si el corazón alemán hubiera estado tan bien educado como su mente.
Por esos y muchos otros argumentos, los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda, el tercer libro de nuestro Plan Lector, fue leído a la luz del sentimiento. Todos con sus poemarios en las manos, leían en coro el poema 15, el 12, el 7. Leían a dúo La canción desesperada –por lo larga, argumentaban-. Sufrieron con Mario Jiménez, el cartero de Neruda. Sufrieron con Ricardo Neftalí Reyes Basoalto, al enterarse que murió para seguir los pasos de su derrocado amigo Salvador Allende. Muy probablemente el exótico y paisajístico lenguaje nerudiano les resultaba a muchos niños ininteligible, pero el ritmo es a la poesía, lo que el balón al fútbol.
Luego se nos presentó la oportunidad de tener a Pedro Badrán Padoui en la institución. Él era el autor de nuestro quinto título a leer: Todos los futbolistas van al cielo. Una novela corta que leímos en quince días, es decir, en diez horas de clase. Hicimos una recopilación de relatos de Eduardo Galeano provenientes del libro del autor uruguayo El fútbol a sol y sombra. Consultamos el clásico poema de Jairo Aníbal Niño Ayer por la tarde. Averiguamos quién era Sócrates –el futbolista brasilero- porque así se llamaba el protagonista de la novela. Indagamos en qué Mundial Maradona marcó un gol de extremo a extremo de la cancha. En fin, por esos días, en los grados sexto, yo era la profesora que más sabía de fútbol y puedo dar fe, que 96 estudiantes leyeron en voz alta, con fervor y en diez horas, una novela que los apasionó. Cuando llegó el autor, nadie se quedó sin su firma en el libro.

Del fútbol pasamos a la aventura y esta vez leímos primero el filme “El Náufrago” protagonizado por Tom Hanks. Con la cinta exploramos el drama del hombre contemporáneo esclavizado por el yugo del tiempo y el afán de producir. Fue una buena ocasión para hablar, o mejor para conjurar, cierta molestia que muchos niños sentían hacia la ausencia de sus padres de la casa, debido exceso de trabajo. Un cuestionamiento a resolver fue: ¿qué harían tus padres si al regresar de un viaje de negocios, sufren un accidente que los deja abandonados en una isla?

Luego de leer el filme, llegó el clásico de Defoe. Era ineludible establecer comparaciones. ¿Qué va del ejecutivo de FedEX, a la autobiografía ficticia del náufrago inglés que pasa 27 años en una remota isla tropical? Sin la intención de moralizar, los dos textos apuntaron a despertar en los niños la valoración del tiempo, de los objetos, de la comida, de los seres más cercanos. Robinson, sin embargo, a diferencia de Check Noland, no salió tan bien librado de los juicios críticos de los lectores. Fue considerado un conquistador, un colonizador que deseaba imponer sus costumbres a los habitantes de la isla del Orinoco a donde fue a parar.

La lectura en voz alta de esta novela que hace 100 años ya llevaba 700 reimpresiones, traducciones e imitaciones y que en la puritana Inglaterra era el segundo libro más leído, después de la Biblia, nos deparó el enriquecimiento del campo semántico relacionado con la navegación. Era necesario que los chicos supieran que significaban términos como a babor- a estribor; a barlovento- a sotavento; quilla, timón, mástil, verga. Recuerdo una mañana las risitas maliciosas ante la alusión a la verga del barco. Recuerdo también que consideré el momento propicio para aclarar que no estábamos en clase Biología y que por tanto, no se refería el texto al órgano genital masculino, sino a una parte del barco. Esa actitud desinhibida creo, frenó el morbo tan arraigado en los niños, como la creencia en un ser superior.

*Beatriz Vanegas Athías. Premio Nacional de Poesía Universidad Externado de Colombia. Premio Departamental de Poesía Fondo Mixto de Sucre. Cronista y educadora. Coordinadora del Taller de lectoescritura “Saramalacara”. Candidata a magíster en Semiótica de la Universidad Industrial de Santander. El presente texto hace parte de la ponencia homónima presentada por la autora en la III Semana del Lenguaje de la UIS, junio de 2008.


Referencia bibliográfica

Trelease, Jim. Manual de la lectura en voz alta. Ed. Fundalectura. Bogotá, Colombia. Ed. 2ª. 2005


Autoras del blog.

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Sandra Luz Páez Clavijo y Beatriz Vanegas Athías.

Última estación de la Ruta de Raúl

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Tumba del poeta Raúl Gómez Jattin

XVI Encuentro Internacional de Mujeres Poeta, Cereté 2009

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La Ruta de Raúl

XV Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté, 2008

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Lena Reza,Beatriz Vanegas Athías,Yirama Castaño,Nora Carbonell y Josefa Parra

PRIMER COLIBRÍ

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Fotografía de Josefa Parra

Poeta Luis Mizar

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En casa con Luis Mizar

Reportaje a Meyra Delmar

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Casas de poesía, Cereté 2007

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Foto de Sandra Luz Páez Clavijo

Meyra Delmar: Historia de olvidos, ausencias y recuerdos

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Meyra: ausencias y reencuentros

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Meyra Delmar, una luz

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que sintetiza lo esencial

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Francisco Hinojosa

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Ulibro 2008, fotografía de Sandra Luz Páez

¡Es tan misterioso el país de las lágrimas!

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Casas de poesía, Cereté 2007

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Fotografía de Sandra Luz Páez

Las Casas de Poesía

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jueves, 26 de febrero de 2009

XV Encuentro Internacional de Mujeres Poetas de Cereté, 2008




El público fervoroso en la plazoleta Raúl G. J.
De izquierda a derecha: Lena Reza, la Reina
Madre del Encuentro Internacional de Mujeres
Poetas en Cereté, 2008.

Beatriz Vanegas Athías, Yirama Castaño, Nora Carbonell y Josefa Parra, en el cierre del XV Encuentro Internacional de Mujeres Poetas, Cereté 2008.







LAS POETAS QUE VAN A CERETÉ

ADIÓS ADIEU


Ojalá pudiera tatuar
tus labios en mis dedos .
YIRAMA CASTAÑO
(Del libro "Jardín de sombras", 1994)


PRÓLOGO

No tengo la intención del desafío,
Ni la premura por un juego de palabras.

No poseo el concreto de la línea en el poema,
Ni la lucidez de cifras en la aurora.

No merezco un nombre que autorice
la búsqueda universal en primavera,
Ni la mentirosa voz en la puerta de mi fuego.

No entiendo el coro de ángeles testigos
en una caída de noches anunciadas,
Ni los demenciales silencios
dando el sí en mi costado.

No puedo construir la imagen
a partir del vacío con cerrojo,
Ni aplaudir al inventor de la acrobacia
que finge ser bandera.

Para escribir y amar sólo mis manos.

YIRAMA CASTAÑO
(Del libro "Naufragio de luna", 1990)


Para volver a mí

Mi cuerpo pequeño
cruza límites helados
con la espalda encorvada
y un blanco camisón

Primer aviso
a mi terrible vanidad.

ALEYDA QUEVEDO ROJAS
(Del libro "Soy mi cuerpo, crónica de sueños")


Mi canto

El cariño de los amigos
se traduce en cartas besos
bálsamos contra la enfermedad

Los claveles que dejaron
reconfortan
las madrugadas ásperas

Amigos protectores
quieren inutilizar mi sufrimiento

ALEYDA QUEVEDO ROJAS
(Del libro "Soy mi cuerpo, crónica de sueños")



El barco en la botella

Travieso
el geniecillo
del barco en la botella
desaparece
cuando se acerca
el planeta azul
de mi ojo

NORA CARBONELL
(Del libro "Del color de la errancia")


Creación de la tarde

Una joven crea
el esplendor de la tarde.
Dice "sol" y el astro obediente
agota su belleza,
escribe "pájaros" y las aves
dibujan sus líneas de fuga,
nombra "niña" y sorprende
al corazón de vuelta.
Una joven crea la tarde,
con la primigenia
sabiduría de su palabra.

NORA CARBONELL
(Poema tomado de "Del color de la errancia", 2005)




IFIGENIA

No hablé
a ningún dios

nada me ha sido dado
escucharles

sin embargo
todo en mí
sobre esta piedra
les pertenece.

LUCÍA ESTRADA
(Del libro: "Las hijas del espino", 2005)


DJUNA

Pregunto por el sueño

y en respuesta
lentos animales
de la noche
rodean mi casa

LUCÍA ESTRADA
(Del libro "Las hijas del espino", 2005)




MEMORIA DEL REGRESO


Habitas el día como leona encarcelada.
No hay parque, poema, bar o conversación
que apacigüe al ejército de hormigas
que marcha por tu sangre.
La tarde es una sentencia a muerte.
La ventana un altar
ante el cual suplicas el milagro.
Cuando la noche llega y quien esperas no,
sucumbes a la ira
y las paredes y los fetiches
soportan tu rabia.
Cuando la noche llega y quien esperas no,
desciendes por el agujero de la inquietud
hasta caer en un sueño turbio y expectante…
Hasta que unos golpes a la madrugada
te anuncian ésa sonrisa, ésos ojos,
unos brazos que se abren
y ante los que no tienes más remedio
que desbordar una buena bienvenida.


BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS

(Tomado del libro "Los lugares comunes", 2006)




BINOMIOS


El arma blanca y el arma de fuego.
La súplica y el silencio.
La viuda y las declaraciones.
La ciudad engorda.
El poder también.

BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS

(Tomado del libro "Los lugares comunes", 2006)

CONSUELO


Por las huellas
que no dejaste
me aproximo al recuerdo
que no fundamos.

Sólo la lluvia
cortina transparente
e imprescindible al poema
te reivindica.

BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS

(Tomado de "Los lugares comunes", 2006)

ÁRBOL DE LA ESPERANZA

(Oración de Frida Kahlo)

ARBOL DE LA
ESPERANZA
MANTENTE
FIRME

Cuando el desmoronamiento
de la tarde sea mi último canto
mi paso lastimado hacia el lugar
que me confinan mis heridas

Cuando la columna de mi voz
Flaquee y presienta el desmayo
De mi sangre y mi deseo.

MANTENTE
FIRME.

Cuando el amor clave sus fechas
Y el ciervo asustado que soy
Se pierda en el bosque
De mi oscuridad.

Cuando Diego encuentre
La ruta de otras carnes
Y mi herido sexo se abra
Al destierro de la noche.

MANTENTE
FIRME.

Cuando despierte en medio
Del grito y la pesadilla,
Y la sábana del sueño
Abrace desatenta los hilos
De mi sangre.

Cuando mis pies señalen
El rumbo de un carcomido
Vuelo y mi alma presienta
la agrietada hora del silencio.

MANTENTE
FIRME.

MANTENTE
FIRME
ÁRBOL DE LA
ESPERANZA.

MANTENTE
FIRME.
Hoy y cada día
Hoy y cada noche.

Abre tus ramas
Y mantente firme.

Tráeme el sol
Que cicatriza
Mi memoria
Que canten tus pájaros
Aquella canción
Que me alegraba.

MANTENTE
FIRME.

ARBOL DE LA
ESPERANZA.

Mi banderita
Roja y amarilla.

MANTENTE
FIRME.

Como el día
Como el azul día
Como mi casa azul
De Coyoacán.

MARÍA CLEMENCIA SÁNCHEZ








La peor señora del mundo

La peor señora del mundo

La peor señora del mundo

Francisco Hinojosa

En el norte de Turambul había una vez una señora que era la peor señora del mundo. A sus hijos los castigaba cuando se portaban bien y cuando se portaban mal. Los niños del vecindario se echaban a correr en cuanto veían que ella se acercaba. Lo mismo sucedía con los señores y las señoras y los viejitos y las viejitas y los policías y los dueños de las tiendas. Un día sus hijos y todos los habitantes del pueblo se cansaron de ella y decidieron hacer algo para poner fin a tan tas maldades.

Leer, da poder

Leer, da poder
Fotografía de Sandra Luz Páez

El jardín de la poesía

El jardín de la poesía
Foto de Sandra Luz Páez

Crónica: El clarinete de la Pollera colorá

Crónica: El clarinete de la Pollera colorá
Juan Madera, autor de la música de "La pollera colorá"

Juanita Banana II

Juanita Banana II
Obra de Silvia Susana Espinel

Reportaje a Silvia Susana

SILVIA SUSANA ESPINEL: la pintura no es un cuadro

Por: Beatriz Vanegas Athías
Fotografías: Sandra Luz Páez Clavijo


Al aproximarnos a la esencia del arte pictórica de Silvia Susana Espinel, debemos decir con Mukarovsky: “Todo arte puede buscar un camino hacia otras artes”; así, desde la mirada de quien estas líneas escribe, es posible afirmar que en su creación, esta joven artista bumanguesa, emplea recursos específicos del cine y la literatura. Su obra “Recuerdos de George Bataille”, por ejemplo, es un diálogo con la novela “Historia del ojo”, ése texto trasgresor que nos confronta con nuestra sexualidad. Sin embargo, ello no es óbice para que cualquier espectador que carezca de la referencia a Bataille acceda a la obra mencionada. Justamente por ello Silvia Susana Espinel es una artista contemporánea en tanto que lo creado “es una cosa real y una construcción estética”, al decir de Mukarovsky.

LA INFANCIA Y EL RECUERDO
Dice el escritor francés Alphonse Karr que sólo se inventa mediante el recuerdo y se pregunta, acto seguido: “¿En qué consiste el recuerdo de los hombres?, para luego responder: En una hora de trabajo para el marmolista”.
Muchas de las pinturas de Silvia Susana Espinel están basadas en recuerdos de la infancia, los más recurrentes quizás, son aquellos que idealizan al padre fallecido tempranamente. Para ella el recuerdo es como una imagen tangible que hoy vuelca en su obra. Recuerda las horas al lado de su papá quien la llevaba a su sitio de trabajo en el palacio de Justicia y allí la artista jugaba con un esqueleto de nombre “Juanita Banana”; la vivencia frente al parque de las Palmas, las canciones infantiles y los pescaditos-mascota que liberó en el inodoro.
Al respecto la artista afirma que “son los recuerdos que uno quiere conservar los que he materializado en las pinturas, de hecho, un trabajo tridimensional de hace un par de años, que se llama “Maternidad”, hace referencia a esa maternidad que no volveré a tener y un Ready Made que se llama “Objeto surrealista” que alude a la contraposición entre femenino y masculino.Así, no todos son recuerdos de mi infancia, pero sí recuerdos que no quisiera ver desvanecer completamente”.

LA FORMACIÓN
Desde muy niña entró a estudiar en el Dicas, la vocación tendía hacia la pintura, pero fue más pragmático volverse publicista. Así, luego de terminar el bachillerato aquí en Bucaramanga, partió hacia Bogotá y allí culminó Mercadeo y Publicidad. Regresó a su ciudad con la intención de estudiar Ingeniería de Mercados, pero el impulso sólo alcanzó para un semestre. La cosa era por el lado de las artes plásticas, pero se le apareció un viaje a Sydney y luego de su estadía en Australia, ingresó finalmente a Bellas Artes donde compartió y aprendió de maestros como Germán Toloza, Luis Fernando Bernal y Emel Meneses.
Silvia Susana Espinel tiene claro que todas las artes se nutren entre sí. Por ello no duda en afirmar: “Te voy a contar algo que me ocurrió como en sexto semestre. Yo no tenía idea de cómo interpretar un instrumento musical o leer una partitura. Así que tuve que estudiar más o menos un año, aprovechando la Escuela de Música en la UIS, para entender lo que era el ritmo, el tono y demás elementos que utilizamos también en pintura, como la parte gestual, que también es muy importante en la plástica. Sin embargo cada vez siento que me falta más, ahora con la Maestría en Semiótica que adelanto, puedo continuar mis estudios de la imagen y por supuesto en las Artes Plásticas”.


DECIR LA VIDA A TRAVÉS DEL ARTE
Es quizás por lo anterior que para nuestra artista todos los ambientes son ideales para crear. En el baño, mientras se viaja en el avión o en la buseta, la pintora no admite ambientes ideales: “si te quedas pensando en el ambiente, te toca cambiar de profesión”.
Reconstruir el mundo de los valores, poner orden al aparente caos contemporáneo, ha llevado a Silvia Susana a considerar la pintura como un arte aglutinante, por ello considera que “Iceberg”-un filme de su predilección- es una pintura en movimiento. Con el ojo que observa “Iceberg” ve la plástica: “los medios cambian y uno puede hacer video arte, instalaciones, fotografías, etc. Pero nunca desprenderse del color, del encuadre, del concepto, todo puede ser pintura, la pintura no es un cuadro, una pintura puede ser lo que ves todas las mañanas a través de tu ventana”
Bajo estos conceptos, Silvia Susana Espinel se proyecta día a día. Ya tiene en su haber varios salones y exposiciones, entre los que vale mencionar: Exposición individual en la Cámara de Comercio de Bucaramanga. Exposiciones colectivas en La Casa de la Cultura Piedra de Sol de Floridablanca; en la Alianza Francesa y nuevamente en la Cámara de Comercio y ha participado en el 12 Salón Regional de Artistas-Zona Oriente y en la actualidad, tres de sus pinturas (“Recuerdos de George Bataille”, “Familia” y “Juanita Banana II”) participan en la Sexta Exposición de Imagen Regional organizada por el Área Cultural del Banco de la República y próximamente estará en el 41ª Salón Nacional de Artistas.
Silvia Susana Espinel cree que todo arte es político, así se trate del más banal. Pero no quiere entrar en definiciones simplistas porque es consciente de la complejidad del arte en cuanto narración de la vida. Es una artista por oficio y por vocación, se obsesiona con los libros y los colores, pasteles, marcadores. Menciona dos libros que por estos tiempos la acompañan: “Art Now de la Taschen” y “Travesuras de la niña mala” de Vargas Llosa. El sabor y el olor del café son determinantes para la artista y el sitio ideal, aquel donde pueda estar con su hija.
Esta joven artista bumanguesa que emociona y desestabiliza a los espectadores de su obra, tiene un sueño que ojalá se le cumpla para fortuna del arte en este país de la lucidez exiliada: envejecer siempre y cuando se pueda seguir creando.








Artículo: En qué país vive usted?

¿EN QUÉ PAÍS VIVE USTED?

Por: BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS

En su libro "Cinco escritos morales", el narrador y semiólogo italiano Umberto Eco, ofrece una completa y sesuda descripción de lo que representa el fascismo y sus consecuentes daños para una nación que se arrope con sus banderas. Hoy he querido parafrasearlo para formular una encuesta a los lectores de ¡El Nuestro!, que espero contesten como seguidores o desertores del fascismo. En la tranquilidad de su casa, de su trabajo, del parque Santander, sólo deberá escribir SI o NO, frente a cada enunciado.
En su país "la verdad ya ha sido anunciada de una vez por todas, y lo único que pueden hacer aquellos que estén en desacuerdo es seguir interpretando por comodidad su mensaje"?
En su país la cultura es sospechosa, en la medida en que se la identifica con actitudes críticas. La cultura no es "productiva".
En su país es común el uso de expresiones como "cerdos intelectuales", "muera la inteligencia", "universidad, guarida de comunistas".
En su país la clase media se encuentra frustrada por alguna crisis económica o humillación política -léase arraigo de la corrupción-. La clase media se halla asustada por la presión de los grupos sociales subalternos?.
En su país no hay lucha por la vida, sino más bien, "vida para la lucha".Por tanto, en su país el pacifismo es malo porque la vida es una guerra permanente.
En su país hay necesidad, urgencia de un líder que domine, organice, a las masas débiles y proteja a los fuertes?
En su país existe desconfianza hacia las mujeres en los ámbitos políticos y laborales.
En su país existe un machismo exacerbado y una condena intolerante a opciones sexuales no conformistas, desde la castidad hasta la homosexualidad.
En su país se arrojan dudas desde el mismo Estado sobre la legitimidad del Congreso porque no representa ya la "voz del pueblo" y por ello, es urgente concentrar los destinos en una sola figura mesiánica?
En su país existe división entre "razones de estado" y "razones humanitarias".
Si obtuvo sólo tres respuestas afirmativas, no vive usted en un país fascista, ni mucho menos con tendencias nazistas.
Si obtuvo entre cinco y siete respuestas afirmativas, lo más probable es que el 50% de su país sueñe con la resurrección de Hitler, Mussolini, Pinochet...
Si obtuvo entre ocho y diez respuestas afirmativas: ¡Lo felicito! habita usted un país que el día de su independencia, lanza consignas como: ¡Qué viva Auschwitz! ¡Qué se repita Chengue, y Mapiripán, y Soacha, y Tierra Alta!

Columna de los jueves publicada en El Meridiano de Sucre


JUAN MADERA: EL CLARINETE DE LA POLLERA COLORÁ

JUAN MADERA: EL CLARINETE DE LA POLLERA COLORÁ

Por: BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS


Juan Madera Castro pellizca con su mano diestra, la piel de la siniestra. Tensiona la piel como en aquel juego de su infancia en Sincé, Sucre, en el que armaba una torre imaginaria de avispas con sus manos. Uno de los jugadores desbarataba el paraco y las avispas humanas corrían a picar al imprudente que las alborotaba. Tensiona su piel, entorna los ojos y sentencia con la sonrisa serena de quien ha chupado múltiples sabores y sinsabores: “Ya son 86 años vividos, toque, toque, de este material no vuelve a salir”.
Casi nonagenario, el autor de la música de “La pollera colorá” es un hombre moreno, alto, de espalda recta como su carácter; amante de las camisas guayaberas; de palabra verdadera como el gallero; empeñado en mantenerse vivo, pese a que hace dos meses la parca arremetió con poco tino y lo envió a una sala de cuidados intensivos en Cartagena. Sus once hijos y dieciocho nietos prendieron las alarmas y la clínica se convirtió durante esos espesos veintidós días, en un sitio de romería turnada para ellos.


Destino: Barrancabermeja
El primer sitio donde se escuchó el “Aaaayyy” de la Pollerá Colorá fue en un pueblo de Santander llamado Pimiental. Juan Madera lo interpretó con su clarinete porque nunca había pensado en un vocalista para su “pollera”: “esa tonalidad era muy alta para un cantante, era modalidad do mayor, pero como Wilson Choperena se le midió…”
Corría el año 1958. El maestro Madera decidió residenciarse en Barrancabermeja. Partió con Amparo Isabel Manjarrés, su esposa, e ingresó a la orquesta del también sinceano Pedro Salcedo. Los domingos eran días de rebusque musical y por ello don Juan trasegaba por bares y griles. Y allí, en el gril “Hawai” de Barrancabermeja, cuando despuntaba 1961, el músico Madera con ojos que parecían sonreír ante el contoneo de las mujeres bailadoras de porro, mapalé y fandango, se percató que no sólo la cadencia de aquellas caderas lo impactaba, era el intenso carmesí de sus faldas el que punzaba su inspiración.
Notó entonces que a la Orquesta de Pedro Salcedo le faltaba una cumbia. Y esa sería “La pollera colorá”. De inmediato comenzó a sacar los acordes de la canción que ha interpretado-tarareado desde Bart Simpson, Carlos Vives, La Billos Caracas, Joe Arroyo, Quinito Méndez, pasando por muchísimas bandas papayeras, hasta la más reciente versión interpretada por la Orquesta Filarmónica Nacional en sus cuarenta años.
Comenzó Madera a componer la canción que estremeció los oídos de Juan Pablo II, e hizo decir a Mario Moreno “Cantinflas” en 1962: “lo que más me gusta de Colombia es la música, en especial “La pollera colorá”, me voy a llevar a México una docena de ejemplares”.


Presencia del cantante y grabación
Durante casi un año “La pollera colorá” se interpretó como pieza instrumental, pero un día se presentó en casa del músico Madera, su compañero de orquesta y entonces amigo, Wilson Choperena quien le dijo: “Oye, Madera, toma unos versitos pa’ que se los pongas a tu pollera colorá”. El maestro Juan los recibió y luego de una gira, Pedro Salcedo planeó un viaje a Barranquilla a grabar cuatro números en la Casa disquera de Emilio Fortou. Todos los temas eran de autoría de Salcedo: los porros “Amparito”y “Paulina Calvete” y el mapalé “El Arranque”. Siempre humilde y respetuoso, don Juan acató la orden del director: “Grabamos los cuatro temas, pero hacía falta la cumbia. El maestro Pedro se puso a interpretar una de su autoría. Cuando terminó salió el técnico y le dijo: ¿por qué no me hace el favor de cambiar esa cumbia?, ésa no me gusta, maestro. Entonces yo que estaba detrás de él le dije. Maestro como cosa de Dios, maestro, vamos a probá con “La Pollera colorá”.
Al día siguiente la percusión empezó a sonar luego que el director atendiera la súplica de su clarinetista. El técnico entusiasmado con el sabor de “La pollera” exclamó: “Caramba, por poco me dejan el hit por fuera”. A partir de ése noviembre “La pollera colorá” fue el tema de obligatorio bailar en Barranca, la Costa Caribe y Colombia entera.
Don Juan Madera sonríe al evocar esos tiempos, pero una nube gris oscurece su nostalgia alegre, cuando reconoce que el maestro Salcedo a quien admira profundamente, el mismo que lo instaba a registrar la canción con el fin de protegerla de posibles avivatos, se quiso apropiar de ella: “El Director de la orquesta, con sus hijos músicos allí presentes, sabiendo que él no tenía nada que ver con ese tema, se atrevió a decir que era de su cosecha…”.
Hombre noble este don Juan que todo lo dejaba pasar. Hombre de costa, de sabana, con espíritu incapaz de enquistar rencores porque es dueño de un corazón como el mar que no se deja encarcelar por resentimientos y en su vaivén arrastra toda costra de odios.
La actitud de su maestro pasó desapercibida y esa desavenencia fue resuelta con música:” El maestro Salcedo soltó la risa y me dijo: Madera, tú eres conservador y compusiste la pollera colorá y yo liberal ahora voy a componer “La pollera azul”. Por ello quizás habla sin dejo de dolor de su amigo Wilson Choperena, quien por mucho tiempo había ganado indulgencias con camándula ajena.

Me faltó visión
En 1968 Pedro Salcedo decidió radicar su orquesta en Bogotá. Barrancabermeja empezaba a ser una plaza con poca proyección y el compositor Madera desistió de acompañarlos: “Yo no me fui. Para entonces había nacido Juan Carlos, Amparo Luz, Berena y Rocío. Yo me acomplejé con esa cuestión y pensaba que iba a aguantar mucho frío con los pelaos y entonces cojí para acá, para Sincé, para mi cunita de oro”.
Entre tanto, Wilson Choperena sí viaja a Bogotá y allá es él quien figura como dueño único de “La pollera colorá”. En 1962, los dos amigos registraron el tema en la Notaría Primera de Barrancabermeja. Ese registro donde firma Choperena como el dueño de la letra de “La pollera colorá” y Madera como el dueño de la música, anduvo de aquí para allá en un costal lleno de papeles que soportó sin extraviarse, las mudanzas de la familia Madera Manjarrés. Pese al descuido “ése papel sobrevivió y es el que me está salvando una demanda que le puse a Choperena”, afirma con decepción mal disimulada.
Don Juan Madera Castro es un hombre que no se permite una mentira. Cree que en su arte el verdadero autor de un tema es quien compone la música: “nadie baila con la letra, el que compone la música es el que vale. Mire a ver ahora en los cuarenta años de la Orquesta Filarmónica, grabaron lo que a mí me pertenece…” y don Juan crea un clarinete con sus manos y grita “Aaaayyy parapapiropopi… ahí no vocaliza nadie, ni sale Choperena, es lo que yo compuse, instrumental…”
No admite la mentira ni la deslealtad y le sobra nobleza; por eso perdonó los muchísimos años que Wilson Choperena, su amigo, negó su nombre y recibió beneficios exclusivos: don Juan estaba en Sincé y Choperena en la capital del país presentándose y recibiendo homenajes. “Dicen que La pollera colorá es similar al Himno Nacional y la letra del Himno es de Rafael Núñez, la música del maestro Oreste Sindice. Esto es a un mismo nivel, es un tema compartido, yo compuse la música y él complementó el tema…jamás he dicho que es sólo mío”.
Sin embargo fueron muchos años de regalías sólo para Wilson Choperena, años duros en Sincé hasta que decidió escribir a Sayco y se hizo miembro de la Sociedad de autores y compositores. Entonces la situación empezó a mejorar para la educación y el bienestar de sus hijos.


Antología de alegrías
“La gallina de arriba es la que caga a la de abajo. Choperena se estaba presentando por todo el país y lo veían y yo por acá, pero Dios no quiere cosas sucias, vea, ahora me hicieron un homenaje en Sincé”. Sí. Ahora es el tiempo de los homenajes. El más reciente fue el que le brindó Barrancabermeja declarándolo “hijo adoptivo”. La sonrisa le sonríe cuando evoca: “Fue un homenaje con todas las de la ley. Quizá ni a Uribe le hacen un homenaje como el que me hicieron a mí, porque Uribe va escoltao y yo sin nada…eso daba gusto, todo el mundo: “Maestro que el autógrafo, que la foto”, caramba y sin peligro de nada, yo aclamao por ese gentío…, allá les dejé el clarinete con el que compuse “La pollera colorá”, dijeron que pa’ un museo””.
Y su risa se amplía cuando recuerda que recibió el título de Bachiller Honoris Causa al lado de casi cien niños. Muestra con orgullo el “comunicado” que le enviaron del Colegio Antonia Santos de Sincé: “y yo, cómo no, yo acepto esto, voy a tomar grado con los niños pero siempre y cuando no me pasen al tablero”
Entre las gratitudes que la música le ha brindado recuerda con satisfacción el encuentro con Lucho Bermúdez y Matilde Díaz. Era el tiempo de esplendor de “La pollera colorá”. La orquesta de Pedro Salcedo alternó con Lucho Bermúdez en Neiva y éste no disimuló para nada la admiración hacia su colega Madera: “Oiga maestro Madera, lo felicito, ahora que terminemos me hace el favor y se va conmigo para el hotel a escribir la melodía porque quiero hacerle un arreglito, pero eso sí, no se le olvide ponerme ese gustico del “Aaaayyy””.
Las lágrimas asoman a sus ojos rasgados cuando recuerda una noche que “estaba meciéndome en una hamaca. Eran como las once. El sueño se me había escapado y el radio me acompañaba. Cuando de pronto oigo parapapiropopi…, a mí se me soltaron las lágrimas de la emoción, dónde era eso?, vamos a ver que eran unos músicos que mandaron de Barranca a tocar una serenata al mismísimo Papa, entonces qué le tocaron, pues la “La Pollera colorá”.


La paciencia es todo
Y paciencia le sobra a nuestro músico. Él no calcula, ni cuenta, crece como el árbol que no apresura su savia y que resiste, confiado, los vientos del verano que lo sacarán del invierno cruel. Hijo de un experimentado decimero, descubrió la música cuando tenía dieciséis años. Era 1938; Sincé sufría porque no existía una banda que acompañara las fiestas religiosas y en las procesiones sólo se oían la monotonía de los rezos.
En el pueblo se reunió una Junta y a través de donaciones personales consiguieron los instrumentos. Alquilaron una casa y allí empezó a asistir todo aquel sinceano que creyese poseer talento musical. Juan Madera Castro inscribió en aquella escuela, sus esperanzas musicales. Fue su primer maestro Heriberto Benavides quien instruía a dieciocho jóvenes entre los catorce y dieciséis años. Iniciaron las lecciones. Bajo la rigidez de Heriberto Benavides ningún aprendiz podía tocar instrumento que él no autorizara.
Un día de ensayo, el joven Madera agobiado por el calor, interrumpió la clase y fue hasta una tinaja a calmar la sed. Mientras los sonidos se atropellaban en aquella casa musical, él bebía agua fresca y miraba extasiado uno de los clarinetes que dormía en su estuche. No se resistió y lo sopló con el alma. Todos volvieron hacia él una mirada mezcla de temor y censura. Nadie se atrevía a echarlo al agua pues el maestro Benavides con voz adusta inquiría sobre el artífice del sonido. Hasta que una garganta se atrevió a pronunciar el nombre del culpable quien esperaba escondido la sanción: “Yo creía que me iba a dar con la regla, pero el maestro preguntaba para ordenarme que cogiera el clarinete, que ése era el que me servía”.
Desde entonces el clarinete es su compañero y con él viajó hacia San Marcos, Sucre, población donde vivió diez años, luego que la Banda de Sincé se disolviera. A San Marcos se fue con el maestro Juan de la Cruz Piña, el papá del cantante Juan Piña, de quien Madera es padrino. Con Juan de la Cruz estuvo alrededor de diez años, él fue quien lo ayudó a depurarse como músico. Gracias a él consiguió una casa de palma en Sincé, de tal suerte que Madera iba y venía entre San Marcos y su “cunita de oro”.
A pesar de poseer “de todo” en San Marcos –hijos, nietos- el sueño de Juan Madera era organizarse con una paisana. Y la ocasión se presentó en un toque de fiestas patronales de Sincé al cual vino la Banda de San Marcos. Para entonces tenía treinta y tres años y Amparo Manjarrés, la esposa con la que ha vivido más de cincuenta, apenas bordeaba los dieciocho.
El enamorado Madera no se fue por las ramas y como al parecer le cayó bien a la suegra desde el principio, en menos de seis meses el matrimonio estaba palabreado, porque él no quería a Amparo para tener amores: “yo me voy es a casar, yo no la quiero para vacilar y sentarme a hacer visita todas las noches, no señor, yo voy es a lo que voy: a casarme. Así que le voy mandando para que la aliste”. Matrimonio celebrado con la misma dimensión de una fiesta patronal: los recién casados adelante y la Banda de San Marcos atrás, despidiendo la soltería de uno de sus más queridos miembros. Todo un día de festejo y algarabía con desayuno, almuerzo y cena incluidos para todos los invitados.
Después que se casó, se dedicó a su pequeño hogar: “con mucha responsabilidad, porque a pesar de que andaba por ahí con la música, yo nunca fui pervertido en el ron”. Pero ese pequeño hogar, hoy es casi una tribu de once hijos y dieciocho nietos regados por Colombia y el exterior. Una familia unida y protegida por los pliegues de “La Pollera colorá”. Una familia en la cual, paradoja de paradojas, no hay un solo músico, por el temor del padre a que el trasnocho y el trago se adueñara de uno de sus hijos.
Por el contrario pululan profesionales universitarios, pese a que: “cuando pude ayudarles fue en la época que empezaron a llegar las regalías, ya que toda esa plata se la cogió Choperena, él disfrutó de ese privilegio que me hizo falta a mí para ayudar a estudiar a mis hijos”. Así, Amparo Luz Madera Manjarrés, la hija mayor, se hizo odontóloga con la promesa hecha al padre de que entre los dos ayudarían a educar al resto de la prole. Y así fue. Como afirma Berena Madera –otra de las hijas- “quien no estudió., fue porque no quiso”.
Hoy la casa grande situada en el barrio El Cortijo, de Sincelejo, es punto de encuentro para toda hija, hijo, nieta o nieto que desea volver. A ella llegan y se van. Don Juan Madera, al lado de su fiel esposa, aguarda con paciencia a que Colombia entera le siga devolviendo la gratitud por lo que él un día, en Barrancabermeja, le obsequió: el derecho a bailar y a cantar con identidad al son de una cumbia inmortal.

Crónica publicada en los diarios
Vanguardia Liberal de Bucaramanga y El Universal de Cartagena, domingo 27 de julio de 2008

Poeta Yirama Castaño G

Poeta Yirama Castaño G
Fotografía de Sandra Luz Páez

Yirama Castaño:La poesía sirve para profanar

Por BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS


La primera vez
La primera vez que tuve frente a mí a Yirama Castaño Güiza fue en junio de l999. La ocasión se presentó gracias a la brega de dos soñadores: José Fernando Ramírez y la poeta Andrea Cote Botero.
Sobre la tarima que protege imponentemente el Cristo Petrolero que emerge del Río Grande, se inauguró el Primer Festival Internacional de Poesía en Barrancabermeja. Allí escuché leer poesía a Yirama Castaño; allí la escuché leer con su presencia imponente y su voz adusta que arrulla las palabras hasta envolver al público en una suerte de ritual rítmico de imágenes inquietantes.
Después vino Cereté en el 2001. Era la primera vez que asistía al Encuentro Internacional de Mujeres Poetas, mientras Yirama constituía una poeta esencial para el evento. Tenía –tiene- su propio público y su presencia, aumenta el prestigio del Encuentro Poético de Cereté. Ella no oculta sus afectos por esa convocatoria pese a sus múltiples ocupaciones en la Bogotá que habita, salva todo escollo para cumplirle a Lena Reza y a la poesía.
Yirama Castaño Güiza nació el 16 de julio de 1964, en Socorro, Santander. Es periodista. Sus libros han sido traducidos a varios idiomas y su nombre resulta necesario a la hora de configurar antologías de la poesía contemporánea colombiana. La poeta que es, ante todo, silencio y miradas, comienza, sin embargo, hablando de la infancia, porque…como dice Lucie Delarue-Mardrus:”Quién se ha curado nunca, entonces, de su infancia”.

El carrusel del parque
Evocamos entonces la infancia, ése tiempo que es el “para siempre” en nuestras vidas y Yirama nos contó las anécdotas que determinaron a la poeta y mujer que es hoy:
“Creo que mi infancia está marcada por una anécdota y una imagen que ha estado presente en casi toda mi poesía. El parque. Éramos tres hermanas, después nacieron los dos hombres. La tradición era que mi padre nos llevara los domingos a los parques. La primera estación era el carrusel. Vale aclarar que yo era la mayor y se supone que esto no debía pasarme. Sin embargo, mientras mi padre subía a mis hermanas a los caballos, cada vez que mi papá me subía, yo me bajaba. Mis hermanas lo disfrutaban enormemente, daban vueltas eternas y reían. Yo, en cambio, no podía disimular el temblor ni las lágrimas. No podía creer que uno pudiera dar vueltas sobre caballos muertos. Mucho tiempo después, en Viena, fui a una feria infantil. Mi sorpresa fue enorme: el carrusel tenía caballos vivos dando vueltas y los niños volvían a reír. Sólo que en ése momento me aterraba que pusieran caballos vivos a dar tantas vueltas”.

Las personas se volvían historias
El parque y la infancia fueron para Yirama Castaño una cantera de imágenes que persisten en su poesía. El poema VI de su tercer libro “El sueño de la otra”, recoge con sutil belleza estos espacios y vivencias que, sin embargo aparecen signados por el punzante pavor: “Me dijeron que tenía una infancia feliz/ Existen anuncios de tiempos locos, / de cabezas al revés. /
Un juego de espejos, / con imágenes que se deforman: / altas, gruesas, anchas, bajas. / Un túnel para el miedo, / con manos que te agarran/ y te sueltan. / Ya viene la feria. / Una montaña rusa, / un tiro al blanco. / A la salida, / te darán un oso negro / como premio /”.
Fue en el parque donde aprendió a leer, sin que su madre le hubiera regalada aún su primer libro: “Lo que siempre disfrute de los parques fueron sus sillas. Todavía lo hago. Allí las horas pasaban tranquilas y las personas se volvían historias. Mi cuerpo era un oído grande y ante mis ojos pasaban, con una pasmosa calma colores, sabores, olores y palabras que yo apenas alcanzaba a dibujar y a intercambiar, poniéndolos uno sobre otro, combinándolos como si fueran un rompecabezas de mil fichas.

La madre santandereana
Yirama Castaño tuvo una madre cuya tradición católica y estirpe santandereana le exigía formar a sus hijos bajo la consigna del esfuerzo y el trabajo diario. Esa rígida educación fue decisiva en la formación de esta poeta sobria y exigente con la vida y con su verso: “Lo que menos esperaba mi madre era que sus hijos tuvieran inclinación hacia el arte. Su premisa era que el sufrimiento y el sacrificio hacen crecer a los buenos seres humanos. Según ella el tiempo perdido provocaba malos pensamientos. Primera regla, ni siquiera una enfermedad podía servir de excusa para que faltáramos al colegio. Segunda, después de clases, había que seguir trabajando. Lo de las tareas podía hacerse antes de dormir. Así que buscó cursos extraescolares de matemáticas, gramática, cuando los promedios bajaban. Y ante las buenas notas se tuvo que resignar a las vocacionales: guitarra, flauta, pintura, lectura rápida, redacción y, por insistencia de mi padre, el deporte: tenis, patinaje, gimnasia. Todos los deportes en los que el equipo poco aparecía. Después podíamos hacer tareas”.

Presencia del libro
Creció Yirama Castaño en un mundo delicioso, pero terriblemente solitario. Y en ése camino de la infancia transitado de la mano de una madre férrea y sabia, llegaron los libros: “Muy rápido entendió mi madre que me atraían los libros y, ante mi insistencia, comenzó a buscar todo personaje que pasara vendiendo enciclopedias, libros y compendios para pedirle consejo sobre qué tipo de obras debería comprar. Empecé con Julio Verne. Pero pronto todos aquellos vendedores se volvieron visitantes asiduos de la casa. Mi madre se dejaba llevar y yo leí todo tipo de literatura. Buena, regular y mala. A veces, le cuento a mi madre todo lo que alcancé a leer y me mira con amor y con cierta sonrisa como si todavía pudiera escoger. Supongo que fue allí donde se asomó la poesía”:

El mejor observador es invisible
Ante la indagación por la esencia de su quehacer, es inevitable preguntarle por sus maestros. Ella observa la espiral de su cigarrillo como quien despide con gratitud a un ser amado y cuenta con fervor: “Debo empezar por reconocer a mis maestros: Juan Manuel Roca y Fernando Garavito. Fueron tardes enteras escuchando versos en cafeterías, cafetines, restaurantes y bares. Fueron muchas las páginas en blanco y demasiado los borradores. Muchas madrugadas frente a viejos computadores. Muchas AES, demasiadas comas, pocos gerundios y menos adjetivos. Aún los escucho cuando arrugo la servilleta o cuando boto a la basura los papeles. La lección es una: el mejor observador es invisible”.

Un libro conduce a otros
Ahora su mirada se torna luminosa, la nostalgia hace presencia y las palabras se dejan venir con soltura para mencionar a los y las autoras de sus afectos: “Un libro conduce a otro. Un nombre lleva a los demás. La imponente voz de Raúl Gómez Jattin, la dulzura calma de Aurelio Arturo. Else Lasker-Shuler y Nelly Sachs, mujeres que le imprimieron a la poesía alemana el beneficio de sus versos y una fuerza inusitada a la palabra sutil. El ímpetu de las rusas Ana Ajmátova y Marina Tsietaieva. Como muchos de mi generación: Arthur Rimbaud, Baudelaire, Hordellin, Cesare Pavese, Sain Jhon Perse.
Luego vinieron una a una las obsesiones, la una conducía a la otra: Alejandra Pizarnik, Enrique Molina y Olga Orozco. Blanca Varela y Delmira Agustini. Roberto Jarroz. Pero definitivamente hay tres instantes que todavía me conmueven: el poema Lou de Henry Michaux y dos libros que me cambiaron la vida: La Cruzada de los niños de Marcel Schowob y Sueño y locura de George Tralk”:

Crear el poema
Cómo convierte Yirama Castaño toda esa poesía que vive en poema, es nuestra siguiente indagación. La poeta se torna seria y con la clase que es inherente a su ser comenta: “Yo hablé de las servilletas, de los parques y creo que aún no he mencionado las noches y los bosques. Como todos los juegos y obsesiones: pasan y pasan todos los días. Imágenes que van y vuelven. La música y el ruido. Aprendiz de la memoria, como diría una amiga, y Memoria aprendiz, como también puede escribirse. Sin afanes. Aprendí a escribir porque no sé hablar. Tengo todo el tiempo para encontrar las palabras. Por eso no pierdo la costumbre de leer, mirar y oír. El proceso comienza allí, después vienen las notas. Cada vez menos, por supuesto. Y el silencio”.

Periodismo y poesía
Yirama es periodista de formación y por vocación. Cree que el periodismo que ha ejercido con pasión en “Cromos”, le ha prestado una crucial ayuda a la poesía. El periodismo le ha ayudado a fundar una posición ante la realidad absurda de su país, la alejado de la indiferencia: “Ser periodista es ser un observador invisible de los hechos. El ejercer una profesión como ésta me permite atar cabos, hacer las conexiones necesarias. Sostenerse en un medio como este representa un reto constante y una exigencia diaria de coherencia. No se puede mirar de reojo, hay que darle una mirada profunda a los detalles. Detrás de cada hecho hay una historia, unos personajes, un principio y un final.
El periodismo me ha dado la oportunidad de situarme delante y detrás de los hombres y de verlos en su real dimensión. He estado cerca y lejos de las noticias. Gracias a él he aguardado con paciencia, he escuchado con atención, he visto cómo se hace poesía en este país, cómo se vive poéticamente, con qué horror, con cuántos temores, con tantos dolores, con cuánta belleza…”

Me despierto con el grito del guerrero
Si alguna generación poética se siente vinculada es aquella cuyo signo es la guerra y el exilio, como hermosamente reza en el poema XI de “El país de las ausentes”: “El signo de aquellos / que nacieron antes, / fue el exilio. / Entiendo esa palabra. / Mi bautizo fue hecho / con lo que quedó de ella”.
Si, ella pertenece a una generación a la cual “le tocó aprender a levantarse y vestirse para asistir a los cortejos. Pertenecemos a una generación que ha debido despedir a sus amigos, verlos desparecer entre los ríos, caminar entre parajes muy lejanos, colgar sus retratos en las paredes. Pertenezco a una generación tan pequeña que todavía está aprendiendo a hablar”.
Y en esa brega surgió la revista “Común Presencia”: “Todo un suceso para mi vida. Los primeros amigos de la noche y la poesía. Queríamos contribuir a la confusión general. No puedo repetir las interminables noches en las que junto con mis amigos compartíamos lecturas y apasionados ensayos sobre René Char. Todavía tengo grabado el timbre del teléfono a las tres de la mañana y la bienvenida frase de “Tengo que compartir contigo este verso. Es el mejor de todos. Y aparecía de inmediato la maravillosa poesía: Rainer María Rilke en Cartas a un joven poeta, o a la muchacha loca como los pájaros de Dylan Thomas o la embriagante voz de Gerard de Nerval…
Aunque ya no estemos juntos, cada uno sigue poniendo un grano de arena en esta tarea”.


Poesía en épocas de barbarie
Cuando asoma a este reportaje la inquietud sobre si remedia algo la poesía en estas épocas salvajes, Yirama Castaño responde con dos poemas:”El primero es el epílogo de mi primer libro (Naufragio de luna): Pero sabemos guardar el aliento. / Somos quienes piensan en la única oportunidad / que nos queda: Profanarle su tumba al amor /.
Y complemento con el primer poema de mi segundo libro (Jardín de sombras): Opuesto a lo que algunos / puedan pensar o escribir, / la poesía sirve para profanar. / Y este verbo es mucho más / que sacar la tierra de los muertos, / o llegar hasta el tú después de excavar el yo, / o espiar por la rendija del paraíso. / Profanar es habitar el silencio / para darle forma de boca roja /.”
He allí las artes poéticas y vitales de Yirama Castaño, la poeta para quien un buen poema es aquel que logra cambiar un segundo de nuestra vida. Es aquel que la hace diferente, como éste, muy breve, con el que cierro la invitación-reportaje a leer poesía de Yirama, mujer cuyos versos remueven las vísceras del más desprevenido lector:
Adiós
Ojalá pudiera tatuar
tus labios en mis dedos.


Publicado en Vanguardia & Cultura, de Vanguardia Liberal en el 2006

"Todo lo que quiero es un balcón propio"

"Todo lo que quiero es un balcón propio"
Balcón de Mompox, fotografía de Sandra Luz Páez

Poema de Beatriz Vanegas Athías


EN EL PASILLO

En el pasillo ocurre el azulejo: ojo azul que
Parpadea
Feliz ante el hallazgo del grano de azúcar.
Ocurre el aroma mensual del lirio color
Ladrillo.
En el pasillo ocurre el rebote del balón
Que suspende la siesta.
Ocurre la impaciencia por recoger la ropa
Seca
Que la lluvia amenaza con empapar y la
Carrera
Hacia la cocina para intentar salvar la leche
Que ya no es de este mundo.
En el pasillo ocurre la hamaca: balanceante
Paraíso
Para el encuentro con Sabines y Alejandra.
Y ocurre la noche: cuando el mirto
Emborracha al aire
Y los bonches son estrellas rojas
Que encienden el cielo verde del jardín.
Y ocurre también, ni más faltaba,
El despiadado dolor de tu ausencia.


Artículo: EL TAL PRÍNCIPE AZUL

EL TAL PRINCIPE AZUL

Por: BEATRIZ VANEGAS ATHIAS


Internet es una locura. Un peligro. Una fortuna. Un hallazgo que nos acerca o nos aísla. Internet posee el encanto de las sirenas, que a cambio de un instante de felicidad, te ofrecen la muerte. Para efectos de nuestra columna de hoy considerémosla una fortuna. Una fortuna que nos acerca a la cultura universal, que nos acerca a los amigos y amigas. Gracias a ese prodigio recibo a diario verdaderas aciertos de mensajes como este al cual su remitente llama El... Cuento más corto y bonito del mundo”. Ya se sabe que después de leer a Monterroso, Marina Colasanti, Arreola, Cristina Peri Rossi, es muy difícil determinar cuál es el cuento corto más bonito. Pero éste que a continuación transcribo es oportuno para decir unas cuantas ideas a mis lectoras:
“Había una vez una muchacha que le pregunta a un chico si se quería casar con ella. El chico dijo: “No”. Y la muchacha vivió feliz para siempre, sin lavar, sin cocinar, planchar para nadie, saliendo con sus amigas, tirándose al que le daba la gana, gastando su dinero en sí misma y sin trabajar para ninguno” FIN. El problema, agrega mi remitente, es que de chiquitas no nos contaban estos cuentos…y…nos jodieron con el tal príncipe azul.
Sí, nos jodieron con el tal príncipe azul. Como nos han jorobado con la guerra. Creemos que las mujeres estamos predestinadas para el matrimonio y la procreación y nos da pereza de autodeterminación. Preferimos un hombre tosco, a la posibilidad de un postgrado. Siempre he creído que si las mujeres dejaran de soñar que su realización personal estriba en servir como ser reproductor y asumiera la academia, el país y el mundo evitarían, por ejemplo, la reencarnación de monstruos como Hitler en seres con tan bajo perfil como George W. Bush.
Si no nos hubieran jodido con el tal príncipe azul, permaneceríamos más tiempo en la escuela, leeríamos más y si esto sucede, alcanzaríamos la elemental revolución que propone el escritor Jim Trelease, en el fundamental libro “Manual de la lectura en voz alta”, en el que el autor sostiene que “Entre más lee uno más sabe, Entre más sabe uno, más inteligente es. Entre más inteligente es uno, más tiempo puede permanecer en la escuela. Entre más tiempo se escolarice uno, más diplomas obtiene y lo emplean por más tiempo, así gana más dinero. Entre más diplomas obtenga, mejores notas obtendrán sus hijos en la escuela. Entre más diplomas obtenga uno, más tiempo vivirá”.
Ello no se logra soportando desprecios, aplazando sueños, pariendo hijos por montones, rumiando frustraciones, cuidando borrachos, coleccionando silencios, ocultando moretones y golpizas, tolerando sucursales, permitiendo que nos saquen a pasear como quien lleva a su perro al parque o fingiendo orgasmos.
Ya es tiempo de empezar a contar los cuentos en las que las protagonistas no sean ni Bellas Durmientes, .ni Cenicientas, porque ya se sabe que antes que príncipe, el susodicho personaje, fue un sapo.


Poesía: Perséfone

PERSÉFONE

Los niños encerrados
lejos de sus padres
en lugares hospitalarios
y extraños.

La niña boba es aseada por la enfermera
mientras contempla
una ventanta alta.

La madre en otra tierra
atraviesa la calle
para admirar una "gota de aceite"
en la tienda de las esmeraldas.
Justo al pasar la puerta
la recuerda.
Se le vienen sus ojosque la han mirado
con la luz más penosa
de la ternura

En la ausencia del abrazo...de la dulzura del acunamiento,
la hija ha aprendido a sentirla,
a viajar por la fuerza del océano
para abrazarla ellacomo si la madre fuera a su vez una hija perdida,
como si la madre fuera
la encerrada
en la otra vasta tierra
y ella desde su cuarto
habitara un vasto reino.
Cuando acerca la piedra a su pecho
y brilla en la cadena
el otro oro del verde,l
a madre vuelve a verla en el espejo
le sonríe de lágrima
y la toca en el agua
separadas sólo por una gotade sueño.

La enfermera la peina
y le habla,ella tartamudea
y se fija en los rincones del techo
donde viven las gracias invisibles
y el meritorio ser ahí
sola
contenta de la hora
en la simplicidad de su aire,
contenta de su estar
en el obrar de su apaciguamiento.

En la pared
la noche inicia el juego del espejismo...
así la madre regresa
y las dos danzan
conmovidas
entre las sombras y el miedo.
Es la hija quien la peina, le pone flores y ramitos
y la madre le oye el corazón
como si fuera una celesta
o una congoja
o un ruego.

Por la calle
en la otra tierra,
la madre luce el aura de la hija
como si llevara un collar
hecho con ráfagas de océano,
como si mayo fuera un lugar
y la apaciguara
el aire de la hija
encerrada de por vida
en las honduras ignoradas
de su pecho.


De MARGA LÓPEZ DIAZ
Selección de Leopoldo de Quevedo y Monroy http://lequemo.blogspot.com/ . Tomados de su libro “MURUMSAMA”, Primera Edición Julio 2.005, Apidama Ediciones Ltda., Bogotá.

CRÓNICA DE VIAJE

DEL BANCO A MAGANGUÉ EN CHALUPA

Por: BEATRIZ VANEGAS ATHIAS


Viajar es transitar un tramo de paraíso en la tierra. Viajar es tragarse una parte del mundo con los ojos y con el sudor que se desprende del cansancio infinito. Pero viajar en chalupa por el río Grande de la Magdalena es poseer la más insegura, incómoda y costosa alegría del mundo.
Excepto las llamadas chalupas ejecutivas, todas estas embarcaciones te regalan la certeza de lo incierto: las abordas, pero ignoras si arribarás al destino obligado o anhelado. Y cuando llegas, es probable que tu bolsillo quede como la conciencia de los santos.

Rapiña humana
A orillas del río, bailando sobre boyas metálicas, maleteros y ayudantes de maleteros sostienen una pelea interminable, interrumpida con la partida de una chalupa y reiniciada con la llegada de la siguiente.
El blanco de las discusiones es el inerme pasajero que debe escurrir sus bolsillos para acallar la voracidad de estos hombres prietos, de rostros agobiados por el sol, el trago, el humo del cigarrillo y vestidos con la misma camisa desde hace tres días.
Nunca se viaja a la hora preestablecida porque es menester llenar el cupo de 23 pasajeros así transcurran tras este objetivo dos o tres horas de espera. No hay derecho al desespero, ni mucho menos a desertar.
Los indefensos pasajeros sucumben al sopor y a la impotencia comiendo raspa’o unos; fumando otros; jugando dominó aquellos; observando los peces que saltan y dejan su estela plateada estampada en el aire los de mas allá… Mientras, el tiquetero sacude el mosquero del aburrimiento siguiendo con los dedos una vieja tonada vallenata: “Si se pone brava/ me voy pa’onde la otra/ porque las quiero a toditas/ yo no tengo sucursal/ para mí todas son titular/.”
Cuando llega el momento de la salida, el chalupero se la juega: no llevará esa pesada carga por míseros $36.000 pues él no va a trabajar solo para la gasolina. Los maleteros que ya han pactado ganancias con el dueño de la carga, opinan, sugieren, ordenan, insultan, reclaman al conductor, quien insiste en no llevar tanto coroto pues está seguro que durante el camino recogerá nuevos pasajeros: “Seguro es lo que llevas en el bolsillo, mariquita… ¿y si no coges nada por la vía?... le gritan… y continúan: “Ahora es que lo veo cómicos, porque antes cargaban esas chalupas de caja sobre caja y les tocaba arrimar de playa en playa por el peso…”
Pero el hombre mantiene su posición y emprende al viaje para conformidad y alivio de los silenciosos pasajeros.

De todo un poco
Ya a bordo de la chalupa todo se vuelve brisa irrespirable, frenadas abruptas por la amenazante presencia de otra embarcación, ruido desaforado del motor, río plateado, sol picante, orillas barrancosas y el azul del cielo compitiendo con la verdosa vegetación instalada en las lejanas orillas.
Ahora es el tiempo de apreciar los mas disímeles objetos reunidos como equipaje: una paca de almohada protegiendo del calor a una caja de pollitos chillones; monturas de caballo instaladas sobre voluminosas hélices de motor y al lado, cajas de pescado salado, maletines ejecutivos y botellas de suero “atollabuey”.
Pero no sólo es el variado equipaje: cada llegada a un puerto intermedio nos depara imágenes alucinantes, estados vitales que van desde la alegría, pasando por la indiferencia, la frescura hasta llegar al llanto; y pregones que reclaman con premura a los consumidores.
Así, en Pinillos, la maestra, “la seño”, se despide feliz porque tiene sueldo fijo; trabajará en Barranca Cagao, vereda cuyo coprológico nombre fue cambiado por “Nueva Esperanza” para ver si hay esperanza. Pero en San Martín de Loba, la vendedora de almojábanas suplica a la sobrina que por favor encuentre a Lisbeth –su hija- y que se acuerde que tiene madre. Enseguida cambia su melancolía pues brota de su garganta el agudo pregón que anuncia las almojábanas calientes.
En Coyongal es obligación comer arepas de maiz con queso biche: las servilletas son hojas de bijao. Hasta este instante ya hemos guardado en la memoria los rostros duros y nostálgicos de las mujeres que a orilla del río fungen como lavanderas en improvisados lavaderos de madera, con mango de madera y agua hasta la cintura.
Luego aparece Barbosa antes de El Retiro. Allí, al pie del rapé barranco, un trío de jóvenes convierten un acto tan íntimo como el baño, en un asunto público, desmitificado completamente. Estos hombres limpian sus uñas con cepillos de dientes; lavan sus axilas con jabón Puro, el mismo que hace crecer la espuma enredada en sus cabellos tostados. Escupen y esa misma agua vuelve a sus manos –vasijas para enjuagar de nuevo pecho, espalda y genitales.
Así entre garzas morenas, requisas del Ejército, sueños que flotan como la tarulla que en ocasiones impide el paso a la embarcación; arribamos a Magangué, justo en el momento que una chalupa inicia su partida hacia Bodega Central y los viajeros nos disponemos a forcejear hasta donde podamos, contra la bandada de chulos que se lanzan sobre nuestro equipaje.


Publicado originalmente en Vanguardia Dominical, julio de 2002

Del Banco a Magangué

Del Banco a Magangué
Foto de Sandra Luz Páez Clavijo

Poesía: El que no entendió nunca

El que no entendió nunca

Fuiste un testigo indolente
ni comprendiste
Ni ayudaste a la víctima

Fuiste un cómplice de la perfidia y la ignorancia
Tácitamente aceptaste
que aquel hombre no valía la pena

Cuando lo llevaban al matadero
estabas cerca de él
y sólo miradas de rencor le prodigaste

Cuando te preguntaron
si aquel amigo que aparecía en sus poemas eras tú
lo negaste airado

¿Hoy que vives entre cosas cotidianas
te olvidas de aquella época ilustre
a tus pies tuviste la poesía?

Raúl Gómez Jattin

Semejantes

Semejantes
Fotografía de Laura Inés Contreras

Crónica: La noche de los Invisibles


LA NOCHE DE LOS INVISIBLES

Por: BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS*




NO VENDER LA PLAZA

Es una zona rosa de Bucaramanga, y sin embargo esto no es obstáculo para que centenares de habitantes se encuentren para ser. Mientras los “normales” parquean sus carros con absoluta confianza en el restaurante, estadero o discoteca de su preferencia; a ellas y ellos les corresponde bajar del taxi dos cuadras más allá, o dos más acá de su destino final.

Empieza el merodeo en una esquina visible a todos. Luego, con la llegada de la noche y la afluencia de transeúntes inician un paulatino proceso de mimetización, que los lleva, con cara de yo no fui, a acercarse al bar anhelado.

Son las nueve pasadas de una noche en el fin del mes. Hay plata. Hubo quincena. Esto pinta bien. En cada entrada de los sitios a esta zona rosa, de una ciudad que aún conserva su estirpe parroquial, florecen entonces grupos, en una suerte de escudo humano que los protege mutuamente del ojo inquisidor. Es prioridad no “vender la plaza”.

Observo a un hombre calvo, corpulento, moreno. Viste jean y una exclusiva camiseta crema que pronuncia su trabajado cuerpo. Fuma con una ansiosa pausa y camina como aguardando a que la noche le dé permiso. Está situado frente a un bar de la carrera 33, y de pronto su rostro sonríe y el cigarrillo es abandonado en el piso porque aparece él. Intercambian miradas y el calvo no habla, sólo escucha y mira atento a su interlocutor, que visto de cerca, reconozco como el serio cajero que días antes me atendió en un banco.

LUMINOSA OSCURIDAD

La noche avanza y de a puñaditos, las parejas y grupos entran a la inofensiva y bien camuflada puerta del lugar. Dos porteros hermosos están prestos a cerrar la puerta una vez se entra. “Bienvenidas” o “Bienvenidos, hay cover a dos mil, cuatro mil y cinco mil”.

Se asciende por una empinada escalera de caracol y el olor a humo de la noche impregna la piel. Pararse en el final de la escalera y contemplar ese mundo de luminosa oscuridad, música cuyas canciones ya son himnos en ese mundo negado; pantalla gigantesca con Shakira, Marilyn Mason, Cher, Madonna o Talía, es un acto de verdadera catarsis.

Me ubico justo debajo del DJ. Voy hacia la barra y me proveo de dos botellas de agua con gas y allí en mitad de la pista, una de las mesas la alberga a ella. Se trata de una anciana a la cual no queda un fragmento de piel sin arruga. Permanece impávida al desquiciante pum pum de la música. Toma cerveza y mira sin asombro a sus vecinos travestis, a la pareja de cincuentones que no cesa de besarse; a la rubia hermosa cuyos labios no se desprenden del cuello de la mujer a quien da muestras de amar y que en su vida conoció la belleza. La anciana cuida la mesa con un fervor cuyo sentimiento no alcanzo a identificar y hasta ella llega un joven que la abraza por la espalda y le acaricia el pelo.

SUPLICANTES E INDIFERENTES

Vuelvo a mi sitio que ya no existe. El lugar es un hervidero: he aquí el imperio de los besos, caricias y cánticos atravesados en la garganta y en el alma, por el día a día de represiones. Todo es posible aquí adentro, porque afuera es el reino de la prohibición. Pero esta surrealista anciana es el primer interrogante que la noche me plantea.

Ahora permanezco en el lado en el que se sitúan los hombres. No va a haber espectáculo central y es la oportunidad para que se muestren los bailarines aficionados. Ellos van a que los vean. Observo que la gran mayoría de parejas masculinas son hombres de edades entre los cuarenta y cincuenta. De bigote, guayabera, camisas a rayas, ni una pluma se les cae. Machos que llaman. ¿Cuántos habrán dejado en casa a sus hijos y mujer durmiendo?




De pronto suena “A quién le importa” y las gargantas parecen estallar: “A quién le importa/ lo que yo haga/ a quién le importa…El DJ acalla la canción y en el más coordinado karaoke, la multitud danzante continúa a capela: ..”lo que yo diga/ yo soy así/ y así viviré/ yo nunca cambiaré eeee” y todos caen en la nota.

Me dirijo hacia un lado donde el aire sea más transparente y de nuevo me encuentro a la anciana que permanece rodeada por cuatro jóvenes con quienes conversa, mientras la estridencia lo permite. Me siento arrastrada por tres mujeres que caminan tras la búsqueda de una mesa. Las sigo con la mirada y enseguida con los pies. Es un apretado río humano por el cual nado. Consigo situarme en una barra incrustada en la pared justo frente a la mesa donde están sentadas las tres mujeres que hasta allí me arrastraron. Es un trío del que bullen los más disímiles sentimientos.


Debido a la estrechez del lugar, mi pierna debe descansar sobre la silla de la chica de más baja estatura. Viste jean, correa, camisa debidamente encajada, chaqueta de cuero, una cachucha que en su visera soporta unas gafas baratas. Parece un muchachito. Sólo la mirada arrobada que nunca le quita a su vecina, deja ver un rostro tierno en el que se asoma la mujer que es. Es dueña de unas manos toscas: la diestra no se desprende de la cintura de la bella e intenta indagar con cautela en la cola de su amada. La siniestra, por su lado, se ocupa del vaso de ron.

La dueña del amor de este ser andrógino es una mujer alta, hermosamente maquillada, de jean descaderado, zapatillas, cabellos largos, negros y lisos, con una blusa de tiritas que deja ver unos pechos ni muy planos, ni muy pronunciados. Mira hacia la pista como miran los sordos. Nunca se percata de la insignificante que es feliz porque ella le permite acariciar su cadera. Se mueve sentada al ritmo de la música y su conversación es para la tercera mujer que parece ser la intermediaria.

Por cerca de dos horas ocurre el forcejeo de la súplica y la indiferencia. La suplicante paga a muy alto costo las pocas caricias, las tres piezas que puede bailar para disfrutar del abrazo de la bella indiferente. El ron sólo vence a la suplicante quien entonces se envalentona y con más ímpetu empieza a exigir una real recompensa a su inversión. Es aquí cuando entra en escena la tercera mujer, celestina curtida en el arte de dar y negar amor. Habla, gesticula, manotea, apacigua y saca a bailar a la suplicante quien cae en una extraña calma. La indiferente ha sido defendida y el negocio se ha concretado.

EL DOLOR DE LAS DOS DE LA MADRUGADA

En un remedo de amanecer las luces se encienden. Las máscaras empiezan a caer en los rostros ebrios y descorazonados. Suena una ranchera y un joven de mediana estatura y delgado permanece en una mesa con su oreja izquierda posada sobre el hombro de su pareja. El abrazo que se prodigan da la sensación de que es la última vez que volverán a verse. Muchas parejas no quieren descender por la escalera de caracol que los arrojará al reino de la farsa, de la otra vida, del otro ser que deben ser para poder sobrevivir. Otras parejas en cambio, bajan diez o quince minutos antes de encenderse la luz.

Recuerdo a la anciana y corro apresurada porque mientras apenas desciendo, ella ha cruzado el umbral hacia la calle. Ahora va con dos de los cuatro jóvenes con quienes compartió la noche y la algarabía. Afuera ya no se sabe quién es quién. Los taxistas aguardan y son poco locuaces con los seres que salen de “ése” sitio.

Sigo a la anciana y a sus acompañantes. Hablan sobre el lío que un travesti le provocó a uno de ellos. Sólo escucho la voz de ellos. De la anciana escucho susurros y manos palmoteando el hombro de los dos jóvenes. Hasta que uno de ellos le dice: “Pero mamá…” y el otro “No crea mamá, yo no le iba a parar bolas a ése travesti, se imagina el problemón con Jairo”.


EPÍLOGO

De regreso a casa miro el cuello y las manos del taxista como un primerísimo plano. La ciudad que duerme y pasa por la ventanilla como una película. Siento que he salido del cine, sólo que el placer o la inquietud que me genera un buen filme, tiene el filtro de la ficción, aunque esté la vida ahí. Pero haber estado en allí no tiene ése consuelo. Allí es la vida del amor estéril y repudiado. Allí es el espacio-refugio para los seres desalados; para aquellos cuya felicidad nos parece intolerable, porque como dijo la escritora mexicana Ángeles Mastretta: “A la gente le cuesta trabajo soportar la felicidad. Y si la felicidad viene de lo que parece ser un acuerdo con otro, entonces simplemente no es soportable”.

Floridablanca, Santander, marzo 31 de 2007







UNA MIRADA A LA LENGUA CELEBRADA EN CARTAGENA

Por: BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS*



PRIMERAS IMÁGENES

Supone esta cronista que a un mendigo no le interesa García Márquez, ni los Reyes de España, ni mucho menos Belisario Betancur.
Supone que las protestas airadas del escritor Efraim Medina Reyes, pidiendo invitación para Joe Arroyo y Pambelé, a la fiesta de la Lengua, sólo sirvieron para que Juan Carlos Botero, respaldándose en William Faulkner, le lanzara puyas al cartagenero, recordándole que ser escritor no es ser un hombre espectáculo, que precisamente ésa actitud es la que aleja a los lectores.

Supongo lo anterior porque la Cartagena escenario del IV Congreso de la Lengua Española, estaba casi limpia de seres que no fueran políticos, actores, presentadores, modelos, teatreros, profesores, periodistas, extranjeros, estudiantes y cómo no, aspirantes a escritores. Digo casi, porque el miércoles a eso de las 11 de la noche, dos niños negros escaparon de su exilio y nos abordaron porque según ellos, aún no habían probado bocado.

Cartagena para el mundo. Cartagena fue el reino de las fotos, del autógrafo, de la entrevista, de poder tocar y hablar con el escritor o escritora compañía en momentos de soledad y angustia.

La Gabolatría tampoco fue general, pese a que para estar a tono con el evento se volvió un tácito código, deambular por el Centro y la ciudad amurallada, portando la edición de “los laureles” de Cien años de soledad, corregida, ampliada con glosario y sendos prólogos de Carlos Fuentes y el mítico enemigo, ahora nuevamente amigo, Mario Vargas Llosa.

García Márquez convertido en un personaje a quien se busca para ver y tocar, más no para leer. Aquí recuerdo al gran ausente de esta fiesta de la palabra: Jorge García Usta, el escritor que creaba poemas, crónicas, ensayos, reportajes con igual calidad estética y movía el cine y las artes en Cartagena y la Costa. El escritor que fundaba periódicos y revistas y cuyos volúmenes críticos sobre la génesis creadora de Gabriel García Márquez y Héctor Rojas Herazo, vieron la luz en ediciones de circulación reducida, pero hoy, cuando Jorge ha partido prematuramente son reeditados por Seix Barral.

Recuerdo que hace varios años, en un reportaje para este suplemento, el escritor dijo: “Algunos jóvenes que he visto en talleres literarios se desorientan con las mansiones de García Márquez y con sus poderes públicos, pero no leen su obra, que es lo que cuenta en su formación, ni su gigantesco esfuerzo personal. En un centro de estudios de Cartagena, 28 jóvenes de 29 que había, me dijeron que no querían tratar a García Márquez porque ya lo conocían mucho, pero sólo uno conocía más de un cuento y sólo uno había leído “Cien años de soledad”. Estaban hastiados de verlo con sus bufandas triunfadoras en los medios. Yo les dije: “no lo vean, lean su obra”. Cuando íbamos a leer “Cien años”, cinco me dijeron, casi al unísono: “Profesor, ¿no hay una versión en video?”. Les dije que no la había, pero en caso de que la hubiera, también leeríamos el libro “.


NOCHE DE POESÍA IBEROAMERICANA

Cartagena, vigilada y militarizada. Por vez primera fue posible ver cierta connivencia entre la bota militar y el verso lúcido y cuestionador. Fue posible escuchar en esta noche de la Lengua poética, cómo las voces nada conformes de Rómulo Bustos, William Ospina, Olvido García Valdés, Eugenio Montejo, Juan Manuel Roca, José Emilio Pacheco, Juan Gustavo Cobo Borda y el legendario argentino Juan Gelman, pudieron elevarse emotivas en el Claustro de Santodomingo. Ironía de la ironía.

Muchos estábamos ahí para decirle a Gelman que no olvidábamos la ignominia del régimen militar argentino al asesinar a su hijo Marcelo y su nuera Claudia que se encontraba embarazada. Muchos estábamos ahí para decirle cuán felices fuimos al saber que por fin pudo reunirse con su nieta en Uruguay.

El homenajeado en aquella noche de Poesía Iberoamericana, era el sucreño Giovanni Quesseps ya que Galaxia Gutenberg , sello editorial de Círculo de Lectores, presentó la primera edición de su poesía reunida (1969-2006): “Metamorfosis del jardín” Él, tantas veces desdeñado en el Sucre aún famélico que lo vio crecer, hoy es al lado de Héctor Rojas Herazo, la voz más contundente de ése departamento. Fue uno de los más asediados, además de Ospina, Roca y el mexicano José Emilio Pacheco quien acudiendo a los heterónimos, asumió el ser del poeta Darío Jaramillo Agudelo y leyó dos poemas del ausente escritor colombiano. EL poeta Pacheco fue el polo a tierra para tanta luminaria allí presente con este contundente poema breve con el cual cerró su lectura: “Cada vez que/ me creo importante/ viene la mosca y me dice: / no eres nadie/”.

La coordinación de la lectura estuvo a cargo de Juan Gustavo Cobo Borda: gigantesco hacia arriba, gigantesco hacia los lados; gigantesco en su verbo embrujador y sabio.

Aparte de su natural soberbia, Juan Manuel Roca hizo quizás la mejor lectura. Él, es un encantador de serpientes. Sabe leer poesía, sobre todo su magistral poema “Parábola de las manos”: (…)”Una mano traza la palabra pájaro./ la otra escribe su jaula./ Hay una mano de luz que construye escaleras,/ Una de sombras que afloja sus
Peldaños. /Pero llega la noche. Llega/ La noche cuando cansadas de herirse/ Hacen tregua en su guerra/ Porque buscan tu cuerpo/”


LA LOCURA POR LA CULTURA

Caminaba usted una cuadra y allí estaba con todo su porte de galán, el alcalde de Medellín. Entraba al Hotel Santa Clara y veía cómo se cruzaban sin mirarse, Rodrigo Pardo con el memorable Antonio Skármeta, portando su protuberante abdomen y la sonrisa tatuada en el rostro. Pasaba por un restaurante de El Centro y era posible escuchar la tertulia que el legendario Isaías Peña Gutiérrez sostenía con aprendices; o ver a Monsivais degustando un exquisito plato cartagenero, mientras Fanny Mickey pasaba por el medio de la calle como si acabara de cortar una oreja.
Aquello fue un banquete donde se servía la palabra para todos los gustos. La Alcaldía de Cartagena, organizó y ejecutó una Agenda Alterna gracias a la diligencia del escritor John Jairo Junieles . Él consiguió que la reflexión se convirtiera en la patria de los escritores. Era posible asistir a la Plaza de Bolívar y tertuliar con Juan Carlos Botero, quien sin asomo de resentimiento apuntó en una de sus intervenciones: “El problema fundamental de Colombia no es la inseguridad, ése es problema de los ricos. El problema fundamental de Colombia es la pobreza, la inequidad”.
Allí mismo, en la Plaza Bolívar, el narrador Fernando Quiroz fue ovacionado con un cerrado aplauso cuando afirmó con serenidad que si queremos que en Colombia se lea más, hay que decirle con energía al Presidente Uribe que grave las armas y quite el gravamen que soportan los libros.
En cada plaza, en cada colegio, en cada parque, el libro y la palabra nos llevó a replantear lo que somos. Cartagena fue el espacio para que aconteciera la experiencia transformadora de los libros. Para muchos, muchísimos seres, los ochenta, cuarenta, veinticinco años de Gabo, fueron un pretexto para aproximarnos a la verdad, porque esta cronista cree, que si existe un discurso que intenta ser honesto con el hombre, es el literario y si no que lo diga Ángeles Mastretta, la excelente escritora mexicana que se gozó la devoción de los lectores, respondiéndoles siempre con la palabra precisa, sin asomo de cansancio o pedantería: “La paciencia es un arte. Aprendánla, que premia siempre”.



Floridablanca, marzo 31 de 2007







Majagual, inundado

Majagual, inundado
Foto tomada de El Universal

Artículo: TENER UN PUEBLO

TENER UN PUEBLO

Por: BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS


Es bueno tener un pueblo al cual volver. Y si el pueblo tiene río, mucho mejor. Llevas entonces atravesado en el alma las aguas achocolatadas de ésa veta que sobrevive al maltrato y al olvido. Volver a Majagual después de dos años de ausencia y una creciente demoledora que dejó el pasto para el ganado, como si en vez de agua, hubiese ocurrido un incendio forestal, es volver para concluir, que las cosas y los seres están y no están en su sitio.
Es diciembre y la calle "Alante" o "Central" --sobreviviente junto con la "Calle de las Damas" a la creciente de julio-- bulle al ritmo atronador de motos que van y vienen. Hoy la calle es un intento de avenida que reemplazó a unas hermosas jardineras, sobre las que jugábamos sin la angustia de que ocurriera un accidente.
Junto con la calle así diseñada desapareció el "Teatro Diana" de Julio Ordóñez , "Papullo"; las auténticas tamboras de Lilia Arrieta; los salones burreros; las semanas culturales; los campeonatos de microfútbol con el Borussia comandado por el astro Humberto Sajona y el poderoso --por lo perdedor- equipo "Los Kingos" de los hermanos Gutiérrez. Desaparecieron también las cuadrillas de "piponas" y "aguirres machucho salao" que correteaban a niños y jóvenes durante el mes de noviembre.
Hoy es el tiempo del progreso para Majagual. Pero si una observa con detenimiento, este progreso es una falacia. El pueblo acaba de emerger de la peor creciente ocurrida en veinticinco años. Muchos jóvenes oían hablar incrédulos de inundaciones legendarias. Hasta que les tocó vivir la del 2007 que casi acaba con el alma, las tierras y el ganado de los mojaneros.
Pero en Majagual no sucede aquello de " a grandes males, grandes soluciones". En Majagual, a grandes inundaciones, infinidad de mercaditos, sobrevuelos presidenciales y precarias indemnizaciones para los agricultores. Y todos felices, porque "pudo haberse perdido la cosecha, pero hambre no pasamos".
El desarrollo es una falacia que corrobora cada una de las mujeres jóvenes que exhiben orgullosas, dos, tres hijos, pero igualmente rostros envejecidos antes de tiempo...Ellas jamás hablan de un título profesional o de ejercer un trabajo que haga más satisfactorio su tránsito por el mundo. Y en caso de existir el título, éste cuelga en la sala de la casa donde la instaló el marido, mientras él parrandea con amigos y mozas.
El pueblo acaba de salir también de una contienda electoral en la que los tres candidatos eran "muy queridos", "hijos del pueblo", que llaman, pero ninguno accedió nunca a la universidad. En pleno siglo XXI, el municipio capital de La Mojana, es administrado por líderes con poca o ninguna formación técnica y académica superior.
Entonces el imaginario es ratificado: ¿para qué universidades, bibliotecas, proyectos que garanticen becas para estudio superior? ¿Para qué si todo aquel que conduzca una combinada, tenga bajo sus órdenes a más de quince recolectores de arroz... si todo aquel personaje dicharachero, parrandero y "bien relacionado", puede ser Concejal o Alcalde?
La falta de preparación, de rigor académico lleva al administrador a abusar del ciudadano, lleva al "todo vale", al "cógela suave". Lleva a considerar como propiedad personal, los cargos y el presupuesto municipal. Es común oír que al Concejal "Perencejo" le tocó tal Gerencia o aquella Secretaría... No cuentan hojas de vida porque para ningún cargo hay perfiles establecidos. Lo urgente no es la eficiencia administrativa, lo urgente es recuperar la inversión económica de la campaña electoral.
Tener un pueblo para escuchar en diciembre las mismas canciones de Los Betos, Los Zuleta, Alejo Durán, los porros para bailar serenitos en la puerta de cada parranda familiar. Asistir a la misa de fin de año que ahora es a las ocho y se convierten en el escenario de bienvenida a los coterráneos ausentes. Degustar la avena en botella, hecha con fervor por la "niña Amely", la dueña de la tienda más antigua y querendona de Majagual. Bailar tambora hasta que el cuerpo proteste. Admirar la supervivencia de Félix Cardoza, quien cual Dionisio Pinzón en "El Gallo de Oro", ha derrotado a las dos emisoras del pueblo con su megáfono chillón.
Pero también, tener un pueblo de gente buena y sin oportunidades. Un pueblo lleno de negocios de nuevos ricos que venden la ilusión del progreso como si fuera el suplicio de Tántalo. Un pueblo para presenciar como año tras año soluciona sus vidas con absoluta mezquindad, el pequeño círculo que apoyó al Alcalde de turno.
Tener, en fin, un pueblo así, hace que el elocuente orgullo mojanero se lesione letalmente, como esas tierras cuarteadas después de una aplastante inundación.

De El Canto de las moscas

De El Canto de las moscas
María Mercedes Carranza

De EL CANTO DE LAS MOSCAS

De EL CANTO DE LAS MOSCAS
María Mercedes Carranza